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| Laura Chinchilla, Presidenta de Costa Rica |
| Desarrollo Humano y Desigualdad |
Costa Rica es un país con una sólida tradición
de compromiso con el desarrollo humano, la democracia y la sostenibilidad ambiental.
Históricamente, ha sido un país que, a pesar de su pequeñez
geográfica, se convirtió en referente de estabilidad política,
de avance social y de protección a los recursos naturales. Hoy somos considerados
la democracia más antigua y estable de la América Latina, uno de
los países con más alto desarrollo humano y el pais de las américas
que más protege el medio ambiente. Sin embargo, Costa Rica enfrenta retos
muy importantes en términos de sus posibilidades de crecimiento de largo
plazo y de cómo combinar la prosperidad a que aspiramos con la equidad
y la sostenibilidad que valoramos: uno de ellos es el reto de la desigualdad.
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La desigualdad y su persistencia de generación
en generación es precisamente el tema central que aborda el Informe Regional
sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe del PNUD. Tristemente,
tal y como lo señala el informe en mención, América Latina
es la región más desigual del mundo. La “trampa de la desigualdad”,
como la describe el informe del PNUD, supone no solo una inaceptable discriminación
que impide el acceso a las oportunidades por parte de muchas personas; también
limita la capacidad de crecimiento de las sociedades, alimenta profundas fracturas
sociales, debilita la institucionalidad, e incentiva la violencia y la criminalidad.
No en vano América Latina, a la vez que ostenta el triste record de los
mayores niveles de desigualdad, constituye también la region más
violenta del mundo. El combate de la desigualdad constituye así no sólo
un imperativo ético, sino también un imperativo politico de insoslayable
atención por parte de los gobiernos de la región.
En Costa Rica, a pesar de que la desigualdad
es de las más baja con respecto al promedio latinoamericano, los niveles
de concentración del ingreso se ha acentuado en las últimas décadas,
aunque recientemente se produjo una ligera reversión de esta tendencia.
Así por ejemplo, según datos de la CEPAL, hubo un incremento en
el coeficiente de Gini --que mide dicha concentración— de 0.47 a
0.48 de 1999 a 2006, que logró ser revertido a niveles de 0.47 nuevamente
para 2008. A pesar de los esfuerzos realizados en materia de inversion social
durante la reciente crisis económica global, no se descarta un impacto
negativo de la misma sobre los niveles de desigualdad.
Por eso nos hemos comprometido con el impulso de una serie de políticas
públicas que incidan de manera positiva en la reducción de las brechas
sociales que aún persisten en nuestro país. La reducción
de la desigualdad requiere, como lo menciona el Informe del PNUD con claridad,
de una visión integral y comprometida a favor del desarrollo social y del
diseño y ejecución de instrumentos específicos dirigidos
a intervenir a los sectores especialmente vulnerables de la región.
Nos hemos propuesto fortalecer los grandes movilizadores sociales, como la
educación y la salud, mediante políticas que promuevan una más
amplia y efectiva cobertura y una mejor calidad de los servicios. A la vez, promoveremos
una más efectiva articulación de las politicas sociales dirigidas
a grupos en situación de vulnerabilidad, en reconocimiento a las múltiples
carencias que afectan a las familias en condiciones de pobreza. Adicionalmente
y en aras de promover lo que el PNUD llama la “inversión temprana
en capital humano”, sumaremos a las ya exitosas políticas de salud
infantil y de educación escolar y preescolar que han existido en mi país,
una red nacional para el cuido y el desarrollo de las potencialidades de los niños
y niñas de los cero a los cinco años de edad. Lo anterior sin descuidar
los desafíos que tenemos en materia de desigualdades entre regiones del
país o entre grupos poblacionales.
Como ha expresado el Premio Nobel de Economía Amartya Sen, inspirador
intelectual de los Informes como el que ha presentado el PNUD, no hay política
pública que no contenga una ética implícita. Nuestros valores,
expresados en propuestas concretas, seguirán siendo consistentes con la
trayectoria histórica de Costa Rica, una trayectoria que confirma que es
posible crecer más y mejor cuando hacemos del desarrollo humano la preocupación
central de toda agenda de desarrollo.
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