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| François Bourguignon |
| La disminución de la desigualdad en América
Latina y el Caribe: ¿Estructural o cíclica? |
América Latina y el Caribe (ALC) conforman la región más
desigual del mundo y se considera que la desigualdad es uno de los mayores obstáculos
para su desarrollo. Si bien este tema ha captado la atención de los académicos
durante muchos años, hasta ahora no han logrado convencer a la élite
política de embarcarse en ningún programa serio para reducir la
desigualdad.
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Según el informe del Programa de la
ONU para el Desarrollo (PNUD) que se presenta hoy y un libro escrito por Luis
Felipe López Calva y Nora Lustig1 de reciente publicación, varios
indicadores sugieren que las cosas pueden estar cambiando. En primer lugar, la
desigualdad del ingreso ha disminuido durante el último decenio en varios
países, no por mucho, pero sí de manera significativa. En segundo
lugar, cada vez existe mayor conciencia social y política de que algo debe
hacerse para reducir la desigualdad y la pobreza relativa, como puede apreciarse
en la difusión de programas de transferencias de efectivo dirigidos a los
pobres de toda la región. En tercer lugar, el reciente aumento repentino
en el crecimiento podría ayudar a magnificar estas tendencias. Por consiguiente,
la pregunta es si ahora la región de ALC ha tomado un camino de crecimiento
acelerado e igualador, o si la reciente disminución de la desigualdad y
la aceleración del crecimiento son resultado de ciclos económicos
nacionales o globales que pudieran revertirse en el futuro.
Hasta donde sabemos, la respuesta a esta pregunta es que efectivamente hay
fuerzas estructurales que están presentes y que tienden a contener la desigualdad,
pero que siguen siendo débiles a pesar de que pueden haberse fortalecido
gracias al aumento repentino del crecimiento que se ha observado en fechas recientes.
Sin embargo, la persistencia de este crecimiento dista mucho de ser algo que deba
darse por descontado.
El progreso educativo ha sido un importante factor estructural ecualizador.
Durante los últimos 20 años, el marcado aumento en la proporción
de la fuerza laboral que cuenta al menos con primaria terminada ha tenido un efecto
igualador significativo. Además, la oferta de trabajadores con estudios
superiores aumentó más rápidamente que la demanda, lo que
contribuyó a una disminución del diferencial de ingresos entre trabajadores
calificados y no calificados. Hace 15 años, la tendencia era a la inversa.
Las políticas innovadoras de redistribución dirigidas a los más
pobres en muchos países de ALC es un segundo factor estructural que contribuyó
a la igualación del ingreso. No obstante, su efecto generalizado está
limitado en función del tamaño en sí de estos programas.
En promedio, los llamados “programas de transferencias de efectivo condicionadas”,
como Oportunidades en México, Bolsa Familia en Brasil,
Chile Solidario y otros, dan cuenta de menos del 0.6 por ciento del PIB.
No es posible lograr una gran disminución de la desigualdad con recursos
tan limitados. Se requiere mucho más para hacer una mella importante donde
existe una desigualdad de ingresos tan anormalmente elevada y romper el círculo
vicioso que la transmite de una generación a otra.
El hecho de que la disminución de la desigualdad que se ha observado
en el último decenio parezca haber precedido al reciente aumento repentino
en el crecimiento confirma que se trata de un fenómeno más bien
estructural y no cíclico. A pesar de que los datos de distribución
del periodo más reciente todavía no están disponibles, es
probable que el aumento repentino del crecimiento que se observa desde 2004 (el
PIB per cápita creció a una tasa anual récord de 4 por ciento
entre 2004 y 2008) haya contribuido a intensificar todavía más esta
disminución al aumentar la demanda de mano de obra y la proporción
de la mano de obra en el ingreso nacional. Al aumentar los recursos presupuestales,
esta aceleración del crecimiento también podría darles a
los gobiernos los medios para implementar políticas de redistribución
más agresivas.
Algo parece estar cambiando en la región de ALC en el rubro de la desigualdad,
por lo menos y en parte debido a políticas innovadoras. Sin embargo, la
región sigue estando lejos del punto en donde la desigualdad deje de actuar
como un freno sistemático para el crecimiento económico a largo
plazo. Otras fuerzas podrían contribuir a acelerar el crecimiento. Se tiene
la esperanza de que ya estén en operación y que los gobiernos aprovechen
la oportunidad de lograr un mejor desempeño de crecimiento para avanzar
aun más en su lucha contra la desigualdad y su impulso al desarrollo socialmente
duradero.
François Bourguignon
Director, Escuela de Economía de París
Ex Economista en Jefe, Banco Mundial
1.-Declining Inequality in Latin America:
A Decade of Progress?, Brookings Institution Press y PNUD
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