Ser mujer en América Latina y el Caribe es, en general,
sinónimo de padecer mayor desigualdad. La desigualdad de las mujeres respecto
a los hombres es mayor si se mide el grado de participación de las mujeres
en las decisiones políticas, su acceso a oportunidades profesionales, su
participación en decisiones económicas y el poder que tienen sobre
los recursos económicos. Según el índice de potenciación
de género (IPG) para 2007, todos los países de ALC mostraron niveles
inferiores a 0.7, con excepción de Trinidad y Tobago.
Las mujeres de la región siguen obteniendo empleos de remuneración
relativamente menor a la que obtienen los hombres, aún cuando se trate
de mujeres y hombres con similares calificaciones. Además, la proporción
de mujeres en la economía informal es mayor que la de hombres lo que supone
que muchas mujeres carecen de acceso a prestaciones sociales en su empleo y quedan
en condiciones de mayor vulnerabilidad.
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